viernes, 22 de septiembre de 2017

Donde los escorpiones, de Lorenzo Silva

Esta es la historia de cómo llegar tarde a una saga y descubrir un personaje muy carismático que, en principio, es el motivo principal que me puede llevar a seguir leyendo más aventuras de Vila y Chamorro.

El subteniente de la Guardia Civil Bevilacqua se enfrenta en este noveno episodio a un caso en el que debe resolver la muerte de un militar español en la base española de Herat, en Afganistán. El abanico de posibilidades es tan amplio como el elenco de sospechosos: ni se descarta el suicidio, ni que haya sido asesinado por un compañero o por algún militar de otras nacionalidades, ni el atentado cometido por uno de los afganos que trabajan en la base. Si hay un hombre capaz de resolver este asunto es nuestro protagonista. Las conexiones con otros textos de esta saga son lo suficientemente fáciles de intuir como para que no sea necesario leer todos los libros anteriores, y el lector pronto descubre la conexión personal y profesional que Vila, como le llaman todos, tiene con su compañera Chamorro. Ambos han demostrado su eficacia en la resolución de casos de este tipo y su incuestionable respeto a la institución en la que suman años de experiencia. Por esos motivos son los elegidos para partir, junto con dos compañeros más, a Afganistán casi sin tiempo para asumir las dificultades del caso y del lugar en el que no se sabe cuánto tiempo tendrán que estar.

Para ser sinceros, en algún momento la acción transcurre con más lentitud de lo deseable. La culpa de este desarrollo tan lento probablemente resida en que el autor, documentado a la perfección (de hecho compartió un tiempo con los militares y guardias civiles que le inspiraron en la propia base) es consciente de la necesidad de extenderse en el protocolo y la observación de las normas que rige la vida de estos hombres y mujeres, especialmente las que tienen que ver con el respeto de la jerarquía militar. La narración de esas exigencias castrenses ralentiza la de la historia principal, y las pistas sobre el asesino llegan con cuentagotas tras párrafos y párrafos en los que se nombran las diferentes unidades (españolas y extranjeras) que pueblan la base y la relación que se da entre ellas. Es destacable la labor informativa llevada a cabo por el autor y hay que asumir que esa parte de la novela, tediosa por momentos, es necesaria para ser veraz. Más interesante es, sin embargo, conocer la vida cotidiana de estos soldados en aquella base sita en un punto intermedio entre la nada y el polvo a más de 6000 kilómetros de casa.

Uno de los puntos a favor que le veo a esta novela (más allá de la historia de la víctima, de la que no puedo destacar demasiado para no caer en un destripe innecesario) es que el foco del autor sea la Guardia Civil. No es que quien suscribe tenga mayor simpatía por este cuerpo, pero ciñéndonos estrictamente a un punto de vista literario son muchos los textos que cuentan los vicios y virtudes de cuerpos como la Policía Nacional y este giro hacia la Benemérita es original e interesante. Además, como se dijo, el autor se toma la molestia de profundizar en su conocimiento por lo que la imagen que da de este cuerpo de seguridad es completa y sincera.

Me parece igualmente destacable el reconocimiento al papel que los traductores tienen en estas misiones, poco o nada reconocido ni siquiera en los casos en los que estos fallecen. Este detalle sigue dando cuenta del gran trabajo documental de Silva, acaso el mérito más reseñable de esta novela en la que es evidente que la relación entre autor y personaje está en un momento óptimo.

sábado, 16 de septiembre de 2017

La biblioteca de los libros rechazados, de David Foenkinos

Si hay algo que defina a la perfección esta obra es que se sale de lo convencional en muchos sentidos y que el autor lleva a la fantasía la propia historia de este texto. Metaficción velada y sutil.

En una biblioteca municipal de Bretaña el encargado reserva un espacio para almacenar todos los manuscritos que no se han ganado la confianza de los editores, como le sucedió a esta misma obra en su momento. Más por compromiso que por otro tipo de motivación una editora llega con su pareja ─un escritor de talento cuestionable─ a aquel remoto lugar y fruto del azar cae en sus manos uno de esos textos abandonados: Las últimas horas de una historia de amor, novela firmada por un tal Henri Pick, autor desconocido que, según el testimonio de su familia, ni leyó ni escribió en su vida. Al calor de la investigación sobre este inesperado autor, la novela se publica y obtiene un éxito que desborda a su viuda y a otro puñado de personajes entre los que cabe destacar a su hija y a un periodista cultural que ve en todo este inesperado éxito un filón para relanzar su carrera. 

Este libro pone de manifiesto las bajezas más mezquinas del negocio editorial en el que no pocas veces el marketing se impone a otros criterios de edición. Tras la apariencia de un thriller se esconde una novela conmovedora, muy fresca, con ironía en su justa medida, eficaz en términos narrativos, con final cerrado y personajes bien definidos. La trama no cansa ya que está construida de un modo tremendamente ágil y original.

Además, quiero pensar que era voluntad de Foenkinos escribir un texto que sirviera de homenaje a grandes novelas que en primera instancia no gozaron del beneplácito de muchas editoriales. Por citar las más célebres, La conjura de los necios, de John Kennedy Tool, o En busca del tiempo perdido, de Marcel Proust, no superaron el filtro y hoy nadie cuestiona ni su calidad ni su valor comercial.

El punto de partida de la novela invita a una reflexión sobre la escritura. En esa biblioteca se acumulan decenas de manuscritos de personas que han sentido el impulso de escribir y de que les lean. Estos escritores se deben enfrentar a un fracaso que acaso no sea enteramente suyo, sino del que las grandes empresas que deciden lo que leemos tengan una parte (no necesariamente menor) de responsabilidad.


martes, 5 de septiembre de 2017

La verdad sobre el caso Harry Quebert, de Joël Dicker

El insultantemente joven escritor suizo ha dado con la fórmula mágica de las novelas policíacas y este feliz hallazgo le condujo, hace ya un puñado de años, a saborear las mieles del éxito con su novela La verdad sobre el caso Harry Quebert, a la que hoy dedicaremos unas líneas. 

Creo haber dicho en anteriores ocasiones que los best sellers suelen producirme un instintivo y prejuicioso rechazo, que poco o nada tiene que ver con el texto o con el autor del mismo. De quien suelo desconfiar es de la gente, que ha encumbrado a autores de dudosa calidad en cuanto a forma y a contenido se refiere. 



Lo que sucede es que la lectura de alguno de estos superventas sorprende gratamente, y tal es el caso de esta historia. Algunos teóricos opinan que una vez se conocen los elementos y los entresijos de la novela negra, un poco de imaginación y buen hacer en el noble arte de la escritura es más que suficiente no solo para generar una producción constante de este tipo de obras (ya sea modesta, ya sea ingente), sino para vivir de ello. Probablemente en esta hipótesis haya algo de verdad, pero no es menos cierto que Dicker controla el mecanismo de las novelas policíacas a la perfección. Reserva sabiamente la información aportada, describe a los personajes usando varios puntos de vista incluido el del propio narrador en busca del despiste, y guarda siempre un par de giros finales para desarmar las hipótesis que como lectores hemos ido construyendo a lo largo del texto. Esta novela es de esas que se devoran, a pesar de su extensión.

El fragmentado marco temporal (la narración se mueve entre 1975, 1998 y 2008) no impide que mostremos interés y compasión por la víctima, prototípica (si se quiere) de pelis y novelas como la que nos ocupa: una joven de quince años desaparecida en los 70 en un pequeño y previsible pueblo de Estados Unidos. Un joven escritor de éxito llamado Marcus Goldman (en el que no puedo evitar ver algún detalle autobiográfico del autor) ve cómo su mentor, Harry Quebert, es acusado años después de la desaparición y muerte de la víctima al ser hallado el cadáver de la joven en el jardín de su casa. No pierde ocasión de escribir un libro sobre este caso con el fin último de defender a su maestro, aunque (a veces pasa) tenga para eso que forrarse y caer en el morbo. Huelga decir (no me digan que es spoiler o destripe) que Quebert es inocente y que en el camino hacia el culpable reside el placer de los últimos capítulos. 

Lamento haber intuido antes de tiempo quién era el malo, pero no culpo al autor de ello: prefiero pensar que es consecuencia de mi dilatada experiencia como lector de textos de este género del que me cuesta cansarme. Eso sí: si vuelve a caer en mis manos alguna lectura de este muchacho y vuelvo a pillarle en algún renuncio más serio que los que contiene este novela (hay una historia de amor un tanto inverosímil, si se quiere, y otros detalles que no le quitan valor a la obra siempre y cuando se vea en ella un mero objeto de entretenimiento, claro está) no seré tan benevolente con mi juicio. 

El texto se presta a una adaptación cinematográfica, así que quizá pronto la tengamos en la gran pantalla. Si eso sucediera, convendría que los diálogos fueran revisados y modificados. En lo que a estilo se refiere, es la parte menos conseguida. 

miércoles, 9 de septiembre de 2015

Ojos que no ven, de J. Á. González Sainz

¡Hola a todos!

Se me va echando el tiempo encima, pero con este libro ya van 8 de 15, y hemos superado el ecuador del reto de Neus. Espero llegar a tiempo.

La lectura que les traigo hoy es Ojos que no ven, de J. Á. González Sainz. En la solapa de la edición que leí se recogen algunas de las palabras que la crítica especializada ha tenido a bien dedicar a esta novela y a su autor. Una de ellas aseguraba, sin sonrojarse, que en unos años hablaremos de este autor soriano como si de un nuevo Sánchez Ferlosio se tratase. No tengo datos suficientes para contrastar esta atrevida afirmación (debo previamente leer algo más de ambos autores), pero sí es cierto que existe en Ojos que no ven un interés por el realismo social equiparable al que encontramos en El Jarama. 

La vida de Felipe Díaz Carrión cambia sin remedio cuando decide abandonar el campo para participar del auge que la industria conoció en España a mediados del siglo XX. Se traslada al País Vasco. La descripción que hace González Sainz hace que sea fácil transportarse a ese lugar que tan bien conocimos por el devenir informativo de los ochenta y noventa. Su carácter, determinado por el entorno en el que se crió y por un pasado traumático que el autor nos va descubriendo intercalándolo con la historia principal, no termina de encajar en el nuevo entorno en el que vive. Sus problemas de adaptación le harán alejarse de su mujer y de su hijo mayor (¿o serán ellos los que se alejan sin remedio?), y fortalecer su relación con su hijo pequeño, nacido en este nuevo destino. Una suerte de debilidad le impide cerciorarse o ser plenamente consciente del ambiente enrarecido de sus nuevas circunstancias. Incluso en los momentos en los que es evidente que está de más para casi todo el mundo, se niega su derecho a tomar las riendas de la situación y se limita a observar en silencio su deterioro personal. Separado ya de su mujer, y con su hijo mayor en Francia, decide acogerse a un plan de prejubilación de su empresa para regresar al pueblo, lugar del que quizá nunca debió salir. Allí recibe en una ocasión la visita de su hijo pequeño, que también había abandonado el norte para iniciar sus estudios de Biología en Madrid. Trae malas noticias, acaso las peores, sobre su hijo mayor. Felipe es entonces consciente de cuanto ha vivido y, si bien se siente responsable en parte del fracaso de su hijo (no haré spoiler), sabe que por sus principios no hubiera sabido actuar de otro modo. La relación paterno filial de Felipe con su primogénito está condenada a ser dramática por los acontecimientos históricos y políticos que la enmarcan: lo que Felipe vivió al empezar la Guerra Civil española, y la realidad del terrorismo que su hijo vive cuando salen del campo. Están condenados a no entenderse.

Hay un cambio de ritmo en la narración que hace que la lectura se haga infinitamente más amena tras el tercer capítulo. Los dos primeros tienen una carga filosófica un pelín densa. Este elemento aparecerá recurrentemente en la novela, pero no de la forma en que lo hace en estos dos primeros capítulos. Se da un equilibrio agradable entre la historia presente, la pasada y las reflexiones del protagonista. Me gustaron mucho los pasajes en los que se describe la relación del protagonista con su hijo pequeño. Si en algunos momentos la acción parece agotarse, el autor tira de as en la manga para completar el acercamiento al personaje principal, deteniéndose en algún episodio pasado que explique un comportamiento presente. Los recuerdos están escritos con mucho tacto y cumplen una función clave más allá de la mera contextualización. La sensibilidad de Felipe contrasta con la violencia (la latente y la patente, claro) que le rodea. Y ese contraste, que también es, en el fondo, el del campo y la industria, está muy bien transmitido por parte del autor. Por ponerle una pega, más allá de la densidad de los dos primeros capítulos, me falta el punto de vista de Asun, la mujer de Felipe, o más bien su reacción tras las malas noticias sobre su hijo mayor. Una referencia indirecta me hubiera servido.

Aquí les dejo una entrevista que El País Cultural hizo al autor en el momento de la publicación de la novela, hace cinco años. Y también les dejo el estado actual de mi reto.

A
G Garoé, Alberto Vázquez-Figueroa
U Una pareja, Emmanuèle Bernheim
A
Chulas y famosas, Terenci Moix
A
T
E El señor de las moscas, William Golding


C
Ó Ojos que no ven, J. Á. González Sainz
S
M Mareas y marmullos, Víctor Álamo de la Rosa
I Instrucciones para salvar el mundo, Rosa Montero
C
Orwell, George, Rebelión en la granja

sábado, 5 de septiembre de 2015

Cómo se hace una tesis, de Umberto Eco

Hola a todos. 

Hoy quiero traerles una lectura muy diferente a las que habitualmente pululan por este blog. Pero antes, les pondré en antecedentes. A finales de este mes iniciaré mis estudios de posgrado con un máster. La intención es que este curso me abra las puertas de una posible y futura tesis doctoral. Sé que es un proyecto (los dos, en realidad) ambicioso, pero pondré toda la carne en el asador para salir airosa del asunto. Quise hacerme con este libro porque su lectura me puede servir no solo para esa futura y lejana tesis doctoral, sino para la elaboración de mi trabajo o proyecto de fin de máster. Creo que es un punto de partida excelente para comenzar una investigación, sea del calado que sea. Por eso he querido hablarles de este libro, porque puede ser de utilidad para encarar trabajos de fin de grado, trabajos de fin de máster, y tesis doctorales. 

Contra todo pronóstico, lo primero que debo decir sobre este texto es que es francamente divertido. Uno espera de este tipo de ensayos de carácter didáctico determinado tono. Pero recuerden que tras estos consejos para estudiantes está el gran Umberto Eco, por lo que debemos estar dispuestos a aprender y a disfrutar de sus genialidades. Les pondré un ejemplo. En el capítulo II nos habla sobre la elección correcta del tema de nuestra investigación. Asegura que la intención primera de un estudiante sin experiencia será elegir un tema enorme. Eco asegura que es mejor centrarse en un aspecto específico de un tema que nos interese. Y pone un ejemplo bastante amplio sobre vulcanología (si como yo eres de letras, ni te asustes ni dejes de leer: el 90%, sino más, de los ejemplos que se dan en este libro se mueven entre la literatura, la filosofía y, evidentemente, la semántica), y dice que incluso el estudio de los volcanes de una determinada zona puede ser definitivamente amplio. Recomienda centrarse en un único volcán "con la condición de que, llegados a este punto, el aspirante diga todo lo que haya que decir sobre ese maldito volcán". Ese es el tono del libro. Los toques de humor son constantes, por lo que este libro es útil y entretenido a partes iguales. 

Como buen ensayo, otra de las características destacables es su claridad. Realmente uno podría ir capítulo por capítulo recopilando normas y consejos a modo de decálogo en menos de una hora. Son de gran utilidad las reglas para citar, los diferentes tipos de tesis, los elementos de una buena referencia, los consejos elementales para la recopilación bibliográfica, los errores que no se deben cometer a la hora de elegir tema... Claridad absoluta desde la primera hasta la última página. Un texto didáctico cien por cien. 

Por último, me gustaría calificar este libro de solidario y consciente. Suena raro. Lo sé. Me explico. En el capítulo III, dedicado a la compleja empresa de la búsqueda de bibliografía y otros materiales, prefiere partir de un supuesto complicado y no idílico. Es consciente de que no todos los doctorandos pueden dedicarse a tiempo completo a su tesis (algunos compaginan esta aventura con una trabajo normal y con familia), que no todos pueden comprar los libros que quisieran, que no todos tienen recursos económicos  para viajar y buscar textos fuera de su área... Y partiendo de ese hecho, ofrece un punto de vista optimista y solidario. Nos demuestra que podemos superar las adversidades y alcanzar nuestro propósito académico sorteando con astucia nuestras dificultades de partida. Les transcribo aquí el planteamiento de su experimento Alessandria:

"Intentemos, pues, imaginar una situación límite. Imaginémonos a un estudiante obrero que en los cuatro años [de carrera] se ha acercado poquísimo por la universidad. Ha tenido contactos esporádicos con un solo profesor; por ejemplo. el profesor de estética o de historia de la literatura italiana. Se dispone a hacer la tesis con retraso y dispone del último año académico. Hacia septiembre consigue ver al profesor o a un ayudante suyo, pero estaban en temporada de exámenes y el coloquio fue muy breve. El profesor le dijo: "¿Por qué no hace una tesis sobre el concepto de metáfora en los tratadistas del Barroco italiano?" A continuación el estudiante volvió a su pequeña localidad, un pueblo de mil habitantes sin biblioteca pública. La localidad importante más cercana (noventa mil habitantes) está a media hora de viaje. Dispone de una biblioteca que se abre por la mañana y por la tarde. Se trataría, disponiendo de dos permisos de media jornada en el trabajo, de ir a ver si puede hacerse con lo que encuentre allí una idea previa sobre la tesis y a lo mejor efectuar todo el trabajo sin más auxilio. Hay que excluir que pueda comprar libros caros y que pueda solicitar microfilmes a otros lugar. Como máximo podrá ir al centro universitario (con sus bibliotecas mejor provistas) dos o tres veces entre enero y abril. Pero de momento tiene que arreglárselas donde está. Si es preciso puede comprarse algún libro reciente en edición económica gastándose como máximo unas mil quinientas pesetas [Sí, el libro es genial, como les digo, pero tiene un par de añitos]. Esta es la situación hipotética. Pues bien, yo he intentado ponerme en la situación en que se halla este estudiante y he escrito estas líneas desde un pueblecillo del alto Monferrato, a veintirés kilómetros de Alessandria (noventa mil habitrantes, una biblioteca pública-pinacoteca-museo). El centro universitario más cercano es Génova (una hora de viaje) pero en hora y media se puede ir a Turín o a Pavía. En tres horas,  a Bolonia".

Para ponerse en el pellejo de este hipotético estudiante que a la vez trabaja, Umberto Eco se pone unos plazos muy ajustados para ir a la biblioteca de un lugar como Alessandria (no muy rica ni muy especializada) y, en poco tiempo, lograr una bibliografía precisa para empezar a escribir cuanto antes. Y lo logra. Y lo explica magistralmente. De ese experimento debemos aprender que, por muy adversas que sean las circunstancias del doctorando, podemos emprender esa aventura con cierta garantía de éxito si somos eficaces.

Si no sale mal lo del máster y me atrevo a dar el paso hacia el doctorado, me pillaré este otro libro. 




Creo que podría complementarse perfectamente con el de Eco porque este parte de la base de que  usaremos soporte informático para nuestro trabajo, e incluye consejos y sugerencias para su uso más eficiente. Si ese momento llega, les hablaré de esta obra aquí en el blog.

Pues ya saben, si en breve van a empezar cualquier trabajo de investigación, este clásico queda más que recomendado. Lo pueden encontrar sin problema en cualquier librería (está editado por Gedisa). 





sábado, 29 de agosto de 2015

JETA DE CEMENTO agosto 2015

Hola a todos.

No existen palabras suficientes para expresar el profundo asco que nos produce nuestro galardonado de este mes. El premio Jeta de cemento de este caluroso agosto es para...DONALD TRUMP.

Pues eso, mucho asco


¿Alguien sabría nombrarme algún otro candidato republicano para las primarias? Parece imposible, porque aquí el Capitán América ya se encarga de tener cada día un despropósito nuevo para que la prensa le dé el bombo suficiente y oigamos constantemente su nombre. A pesar de su  deleznable comportamiento, encabeza las encuestas republicanas, dato este que hace el asco extensible a los simpatizantes que le sostienen. 

Humilló a los latinos que levantan cada día con su trabajo el país y expulsó al periodista Jorge Ramos de una rueda de prensa cuando este se interesó por su propuesta de política en materia de inmigración. Le expulsó, sin más. La comunidad latina ha comenzado una rebelión contra la figura de este payaso que se escapó de la carpa para jugar a los políticos, de este hombre que no tiene sino dinero. Ojalá surta efecto y consigan poner los pies en la tierra a este aspirante a presidente. ¿Se imaginan que este tipo sentara su millonario trasero en el trono del despacho oval? Parece un chiste (o una pesadilla) que un tipo de estas características se postule como candidato. ¿Y ustedes son la gran potencia mundial? Ningún xenófobo debería tener tanto poder en sus manos. 

Lo peor es que esta actitud racista prolifera en pequeños núcleos también por Europa, donde no podemos presumir de apertura mental, precisamente. El mar Mediterráneo ha pasado de ser germen y orgullo de Europa a ser la más evidente muestra de nuestro fracaso como civilización. El mar de la vergüenza, en el que los cadáveres flotan ante nuestra indiferencia. 


Esta generación está siendo testigo de una involución sin precedentes. 

martes, 25 de agosto de 2015

Garoé, de Alberto Vázquez-Figueroa

Otra lectura para el reto de Neus, otro autor canario, otra novela ambientada en la isla de El Hierro. Hoy les traigo Garoé, de Vázquez-Figueroa, novela que obtuvo el Premio de Novela Histórica Alfonso X El Sabio en el 2010.

Leer Rayuela y después una novela de Vázque-Figueroa es como ejercitarse con un balón medicinal de cinco kilos y después jugar con una de esas pelotas de plástico que usan los niños en la playa. No sé si me explico. Es una novela muy entretenida, de trama ágil, muy corta y que se lee con rapidez y agrado. 

Ambientada en el momento histórico de la conquista de las islas Canarias, el discurso se divide en dos planos. En el primero, monseñor Cazorla recala en Tenerife para comunicar al general Gonzalo Baeza la propuesta que la Corona le hace para ser gobernador de la isla de El Hierro. Se da un diálogo entre Baeza, el clérigo y Fayna, una nativa canaria que sirve en la casa del general. El segundo plano sirve para que se narren los hechos vividos por el general Baeza en El Hierro, que serán motivo para que rechace ese suculento cargo que le ofrecen desde la península. 


Mientras que el general Baeza llega a El Hierro con la intención de garantizar la soberanía española sobre la isla, otros compañeros de expedición llegaron movidos por la avaricia y con el fin de explotar los recursos naturales de la isla hasta hacerse ricos. Es el caso del capitán Castaños, el malo de esta historia. Baeza pronto mimetiza con la realidad herreña por dos motivos fundamentales: su natural empatía y su respeto por los derechos humanos, y su historia de amor con una de las isleñas. 

La novela tiene todos los ingredientes necesarios para entretener al lector: una historia de amor entre dos personas de mundos diferentes, aventura, historia y leyendas de una isla tan especial como El Hierro (quienes leyeron mi reseña sobre Mareas y marmullos sabrán mi debilidad por esta isla), y la confrontación entre la sabiduría de los nativos, con la que superan las duras condiciones orográficas y climatológicas de la isla para tener una convivencia sana y feliz, y la avaricia sin medida de la mayoría de españoles que arribaron a sus costas con un afán individualista peligrosísimo. 



Es una lectura ideal para estos últimos días de verano, como cualquiera firmada por este autor cuya obra es ingente. Si han leído algo de Vazquez-Figueroa, no duden en dejarme sus títulos favoritos en los comentarios. Me acercaré a ellos con mucho gusto. 

Con esta lectura mi reto queda de la siguiente forma. La próxima letra en caer será la o (la primera, porque la segunda ya está lista: aquí tienen la entrada). ¿Se animan a intentar averiguar qué título leeré que empiece por la letra o? 

A
G Garoé, Alberto Vázquez-Figueroa
U Una pareja, Emmanuèle Bernheim
A
Chulas y famosas, Terenci Moix
A
T
E El señor de las moscas, William Golding


C
Ó
S
M Mareas y marmullos, Víctor Álamo de la Rosa
I Instrucciones para salvar el mundo, Rosa Montero
C
Orwell, George, Rebelión en la granja