sábado, 30 de mayo de 2015

Mareas y marmullos, de Víctor Álamo de la Rosa

Cuando decidí participar en el reto de Neus no quise confeccionar una lista previa de lecturas porque preferí que ellas fueran surgiendo de modo más o menos natural, según las condiciones del reto me permitieran, y teniendo en cuenta también mis antojos lectores. Pero sí tenía claro que quería incluir un autor canario, por aquello de mencionar a algún escritor de la tierra en la que vivo. Me decanté por Víctor Álamo de la Rosa, autor del que ya había leído previamente alguna obra (Campiro que). Por casualidad (juro que no estaba planeado, y es consecuencia del poco tiempo que le puedo dedicar lamentablemente al blog) hoy es el día de Canarias. ¡Qué bien traído! 

Mareas y marmullos es una colección de diecisiete relatos que recogen el universo literario de este escritor tinerfeño. La isla de El Hierro (y su magia, su leyenda, su tradición) es el escenario de estas breves narraciones. En casi todas se habla del mar, de la locura, de los instintos, de los pecados.  En esa isla escondida y en un tiempo pasado,  los miedos atávicos y las pasiones ocultas se conjuran para tejer historias que, de ser ciertas, quizá solo pudieran ocurrir en un lugar como aquél. En algunos relatos, la religión (particularmente la idea de pecado y la presencia necesaria del demonio) juegan también un papel importante. Hay quien ha sabido ver en estas líneas de las que hoy hablo una suerte de realismo mágico canario. 


Basándose en estos hilos conductores, Álamo de la Rosa nos ofrece historias como la titulada "De perros y demonios", en la que describe la locura que invade a un hombre de iglesia catalán que recala en El Hierro por mandato de instancias superiores a las que debe obediencia y que deciden llevarle a un lugar alejado para evitar que continúe con sus investigaciones sobre ciertas prácticas religiosas no demasiado ortodoxas. Para evitar, en fin, que pueda sacarle los colores a la Iglesia católica.


En "El toro suizo" aparece tratado el tema de la sexualidad prohibida. Cuenta la lucha de un padre por reprimir el enorme deseo que siente sobre su hija. De este cuento me encantó el desenlace y cómo se maneja el autor en la descripción de sentimientos y sensaciones. Su tacto, sus palabras. 


La figura del bobo del pueblo aparece en varios relatos. En "Juan el Chingo supo volar", uno de los mejores relatos de esta obra, absolutamente conmovedor, el autor cuenta  cómo un niño llegó a convertirse en uno de los hombres más desgraciados de la isla. 



"Cuando le compraron la  bicicleta Juanito recuperó, por el interés te quiero Andrés, a algunos de los amigos que había perdido, pero no pensó que fuera por intereses espurios, sino, más bien, que habían reflexionado mejor sobre la conveniencia de su amistad y que ya poca importancia les concedían a esas gotitas minúsculas de saliva que les brincaban a la cara cada vez que Juanito hablaba o gritaba o reía o lloraba. Malos del todo nunca fueron, se consoló Chingo, hartísimo de tanta soledad y repleto de ganas de hablar y de jugar". 

Hay espacio para la intriga en "Dinamita para Juan Pereñíguez", y espacio para la muerte  a lo largo de toda la obra. 

Si le tengo que poner alguna pega es la atrevida y experimental (en ocasiones y para mi gusto, claro) puntuación. A veces me dificultó la continuidad de la lectura. Pero por lo demás me pareció un libro muy interesante, con un elenco de personajes y de paisajes cargado de misterio, tal y como es la isla de El Hierro o Isla Menor, como aparece nombrada en el libro.

Y con esta lectura, así queda mi reto. No me va a quedar más remedio que aumentar mi ritmo de lectura si quiero terminarlo a tiempo, porque en septiembre vuelvo a la universidad y las horas en las que podré leer por placer disminuirán sin remedio. Pero de eso les hablaré otro día. Un saludo a todos. 


A
G
U Una pareja, Emmanuèle Bernheim
A
Chulas y famosas, Terenci Moix
A
T
E El señor de las moscas, William Golding


C
Ó
S
M Mareas y marmullos, Víctor Álamo de la Rosa
I Instrucciones para salvar el mundo, Rosa Montero
C
O

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